Sentenciado casi desde antes del pitido inicial. Acaso uno de los partidos de cuartos de final de Copa con menos historia desde que existe esta competición. Porque estaban demasiado cerca tanto la reciente goleada en liga, como el duelo a vida o muerte que los valencianistas tendrán este fin de semana contra el Leganés. Es, tal vez, su última oportunidad de salvar la categoría. Así lo entendió Carlos Corberán que salió con un once con “los menos habituales”. Dicho sin rodeos: priorizó tener descansados a los titulares enviando el claro mensaje de que lo primero es la Primera.
Todo lo contrario que el Barça Flickeano. Los de Hansi saltaron a Mestalla con un once casi de gala con la novedad de Fallón Torres en la punta de ataque sustituyendo al viejo polaco. Al delantero. El otro siguió bajo palos. Y Fallón dejó de fallar y aprovechó su oportunidad. La vuelta al estadio donde se dio a conocer, ahí donde apuntó esas buenas maneras que lo llevaron al City, le sentó de maravilla al autodenominado Tiburón de Foios que cumplió y recalcó la ley del ex.
F3rrán parecía tocado por una varita mágica. Cada balón que tocaba, terminaba en las mallas rivales. Uno, dos y hasta tres bocados. El primero, cogiendo la espalda de Takhatakhaby a pase de Balde, cuando apenas se llevaban tres minutos. El segundo, un cuarto de hora después, recogiendo el rebote de un disparo de Lamine al palo. Y el tercero, con un chut cruzado para batir a Dimitrievski. Triplete en apenas media hora. Uno no podía por menos que preguntarse ¿Cuánto tiempo habría tardado Dugarry en hacer un hat-trick de azulgrana? Dado que no marcó ninguno en su extensa carrera –mucho menos en el Barça–, la medida del tiempo que mejor se adaptaría a las cualidades del francés serían décadas, siglos, milenios. Incluso eones. Leyenda Christophe.
Entre medias de la exhibición de Torres, otro gol de Fermín. El que nunca se cansa. Aprovechando una nueva y genial asistencia de Pedri. Con 0 a 4 en el luminoso a la media mora, no se hacía extraño ver a algunos aficionados valencianistas abandonar el estadio. Porque cada envío a la espalda de la zaga valencianista era o gol o uy. La desesperación no era solo cosa del público: algunos jugadores locales pagaron su frustración con las tibias y tobillos visitantes, con Fran Pérez y Sadiq llevándose la palma con semi-agresiones a Cubarsí y Pedri.
No quisieron hacer más sangre los azulgrana. Daba la impresión de que si el Barça hubiera necesitado 12 goles para pasar la eliminatoria los habría hecho. Pero el objetivo estaba cumplido y no había que desgastarse innecesariamente. La liga también está ahí, a tiro de piedra, y el previsible duro escollo de Sevilla, también.
La segunda parte sobró totalmente. Lástima que el reglamento no contemple finalizar el partido antes de tiempo por mutuo acuerdo de los contendientes. Aparte del carrusel de cambios, apenas destacaron un gol valencianista anulado por el VAR, al que se sumó un penalty de risa, también invalidado por fuera de juego. Ambos fueron el preludio de la manita que firmó Lamine con un débil disparo que tocó en Takhatakhaby –terrible su regreso a la alta competición– para confundir a Dimitrievski. Con 14 goles en apenas 3 partidos de Copa y 108 en lo que va de temporada, el primer título de este goleador Barça de Flick está a apenas 3 partidos.