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Crónica

Líder inquietante

A por el liderato. Así saltaban los de Flick en Montjuic con la oportunidad de alcanzar el liderato un par de meses después, tras los inesperados tropiezos de sus dos rivales madrileños. Un Flick que no hace prisioneros y que sentaba a Koundé por llegar tarde a la charla técnica. Ya esta dejando claro el alemán que aquí manda él y sus teutones testículos. Como claro está quedando que Sczbncmnlsky es su portero titular y que Fraude Jong empieza a desplazar del once titular a Casadó, sin que éste último haya bajado su rendimiento.

Pero ser líder o estar en disposición de serlo parece darle vértigo a un Barça. Una vez más, y ante un rival en teoría inferior, volvió a salir con el freno de mano puesto. Y no había excusa de partido entre semana –ni ésta ni la anterior- por lo que también empieza a quedar claro, que los jugadores eligen cuando salir al 100% o al 70%. Y al 70% cuesta más ganarle a cualquier rival.

Y el Rayo no era un convidado de piedra. Los de Vallecas están firmando la mejor campaña de su historia y no salieron dispuestos a encerrarse atrás sino a jugar al fútbol. Y le complicaron, y mucho, la salida de balón a un Barça poco inspirado en ataque. Tanto, que tardó 20 minutos en generar las primeras ocasiones de gol, ambas a cargo de Rabinha. Pero el brasileño había salido con la camiseta de 2023: en la primera cruzó en exceso y en la segunda su chut a bocajarro chocó con Batalla. El arquero argentino estaba dispuesto a dar ídem.

Eran los mejores minutos barcelonistas. Y en pleno aluvión de ataque azulgrana, Pathé no pateó pero si agarró a Iñigo Martínez dentro del área. Nadie discutiría que una acción similar en el medio del campo se pitase como falta, Pero la caverna nacionalmadridista argumentará que era una acción residual o que el balón ya había sido despejado fuera del área. La realidad es que el penal fue tan claro como el que no le pitaron a este mismo Barça hace pocas jornadas en Getafe. O al menos más que aquel Ushiro-Nage que popularizaron Marchena y Baúl. Este sí fue una auténtica llave de judo. Flick, como tantos otros culés, no quiso ni mirar el lanzamiento de Robert con su habitual baile de San Vito previo. Chut al palo y gol. El 20º del polaco en esta liga.

Con ventaja en el marcador, el Barça bajó –aún más- la intensidad. Y el Rayo lo aprovechó para quitarle el balón. Y acercarse cada vez con más peligro, aprovechando la autopista sin peaje que era la banda de Hector Fort, a la portería de Sczbncmnlsky. El polaco, con una magnífica doble intervención, salvaba a su equipo. Y poco después era Melero Gomez el que evitaba el empate visitante al anular un gol de De Frutos por una supuesta posición adelantada de un delantero rayista que pasaba por allí. Pero era gol, no tan catedralicio como el que le anularon a Gullit en el Mierdabeu en aquellas semifinales de Copa de Europa de 1989, pero gol claro a fin de cuentas.

Había que espabilar tras el descanso. Pedri comenzó a iniestear. El canario tomó el mando de las operaciones y conforme pasaban los minutos al Rayo le costaba cada vez más salir de su campo. Las ocasiones llegaban, con cuentagotas, y parecía que el 2 a 0 estaba más cerca. Pero ni Viejowski, ni Rabinha ni el admirador de Neymar estaban con la puntería afinada en la noche del lunes.

Y tanto falló el Barça que el Rayo se animó. Ante la estrechez del marcador, empezó a creer firmemente en la posibilidad del empate. Primero, aguantó el intercambio de ocasiones por ambos lados sin que se moviera el marcador. Y una clara ocasión de De Frutos, que pudo suponer el empate, fue el preludio de un descuento en el que el Barça rememoró los tiempos de Xavi: sufriendo, embotellado en su área, defendiendo un 1-0 para asegurar los tres puntos. Que finalmente se quedaron en casa para volver a liderar el campeonato.